Bajo el sol

por Raelana

No era el silencio. El silencio era un amigo al que estaba acostumbrado. La sombra de su fiel Laab que lo seguía, sin hacer preguntas, sin cuestionarlo, sin preguntar jamás el rumbo que iban a tomar.

No era el sol. El sol calentaba su espalda y se desparramaba sobre la arena tiñéndola de un dorado reluciente. Una única nube manchaba el azul del cielo. Un retazo de niebla blanca que se difuminaba poco a poco, desapareciendo.

Los días parecían siempre iguales, siempre eternos. Llevaba tanto de viaje que casi no recordaba la patria a la que se dirigía. La humedad del puerto de Asvhar, las callejuelas sucias, las altas agujas que resplandecían como joyas preciosas. Sólo eran recuerdos, tan difusos como la nube que viajaba con el viento, más deprisa que él. ¿Cuánto habrían cambiado las cosas, desde que se fue? No lo había preguntado nunca.

Era el nerviosismo, que hacía palpitar su corazón como el de un ardiente enamorado, incluso la impaciencia. Era la sensación de sudor en las palmas de las manos, que no podía evitar dejar de retorcerse. Según sus cálculos ya estaba cerca. Llevaba muchos días viajando en soledad, a través del desierto. Cada uno de sus pasos lo acercaba al hogar, sus blandas botas parecían flotar sobre la arena. Caminaba despacio, sin embargo.

Era el pasado el que marcaba el camino. Las decisiones tomadas apresuradamente, sin pensarlas demasiado. Pensar era algo cansado y a la Suerte le gustaba que confiaras en ella. Confiar en la Suerte es dejarse llevar. Laab era joven y solía estar de acuerdo, disfrutaba escondiéndose bajo las rocas, bañándose en la arena. Dejándose llevar.

Se atusó el bigote mientras sacaba las exiguas raciones de viaje que le quedaban. Quizás al día siguiente tendría una buena comida, quizás música y baile en una noche estrellada. Quizás las cosas fueran más parecidas al pasado que había perdido de lo que hubiera deseado. Caminos conocidos y nunca olvidados del todo. O quizás, al final, Asvhar no fuera más que un espejismo.

Un comentario

  1. Enviado el 04/06/2010 a las 18:03 | Permalink

    Buen micro, que te deja con ganas de conocer más sobre el mundo en que se desarrolla y la suerte de su protagonista.

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