Los héroes De la Luz

por Diana Muñiz

Los rayos de sol entraban tímidamente entre las láminas de la persiana y acariciaba con sus dedos el cuerpo desnudo de la joven que dormitaba en la cama. Albizia entreabrió los ojos y contempló su habitación a través de sus largas pestañas. Ya era de día, tendría que levantarse.

Se incorporó perezosa y se estiró como un gato haciendo crepitar cada uno de los huesos de su espalda sintiéndose fatigada antes de empezar. Un nuevo día y tanto trabajo por hacer…

—¡Albizia! ¡Albizia! —gritó su madre desgañitándose desde las plantas superiores. Su voz hacía retumbar las paredes de la habitación— ¡Llegarás tarde!

—¡Ya voy! —gritó ella pero se estiró de nuevo en la cama y se tapó la cabeza con la almohada—. Sólo cinco minutos más.

Cinco minutos más tarde todavía estaba sentada en la cama y no parecía tener mucha intención de levantarse.

—¡Albizia! —volvió a gritar su madre. Esta vez, el volumen había incrementado considerablemente. La habitación tembló y osciló de un lado a otro mientras la lámpara del techo se estrellaba contra el suelo partiéndose en mil pedazos a escasos centímetros de ella.

—¡HE DICHO QUE YA VOY! —contestó Albizia usando una voz gutural. Al instante, nubes tormentosas cubrieron el cielo y ocultaron el sol llevando la oscuridad al mundo—. ¡Será pesada! ¡He dicho que ya voy y ya voy es eso, que ahora voy, coño. Y si no llego a tiempo y no me acabo la maldita ambrosía pues ya cogeré una poca de camino al Abismo. Si no se van a escapar, los malditos demonios se quedarán allí esperando a que la maldita diosa que tiene que matarlos se acabe el maldito desayuno.

Enchufó la radio a todo volumen, nada como el hardrock para empezar el día, y se metió en la ducha. Su madre empezó a gritar de nuevo, alguna tontería sobre solecillos confitados y ambrosía amarga. Albizia supiró y subió el volumen de la música.

In fields where nothing grew but weeds… —empezó a cantar a viva voz sin importarle un comino la entonación y la letra, completamente ajena al diluvio que estaba ocasionando en el mundo de los hombres— All because of you that I believe in angels…

Cuando por fin salió de la ducha, se había declarado sequía en tres países, se habían secado cinco lagos y el desierto del Sahara se había expandido doscientos kilómetros. Su madre ya no gritaba, seguramente, cuando al final decidiera subir la esperaría una buena regañina. Pero ella seguía sin tener prisa. Se quedó delante de su guardarropa comprobando los diferentes modelitos de túnica, todas blancas, impolutas y exactamente iguales unas de otras, pero a pesar de eso, Albizia se demoró en escoger la túnica con el blanco más glamoroso y que destacara más el dorado de sus ojos. Después de todo, era una De la Luz, tenía que dar buena imagen.

Cuando llegó al comedor, su padre ya se había marchado. No en vano era él quién se ocupaba de que el día llegara a todas partes. Su madre estaba enfurruñada y no paraba de murmurar imprecaciones mientras cocinaba ingentes cantidades de solecillos.

Su hermano pequeño estaba allí sentado y la miraba con una sonrisa estúpida. Era su hermano pequeño, era estúpido, ¿cómo iba a ser, si no, su sonrisa? Pero ese día era más amplia y estúpida de lo habitual.

— ¿Cuál es el chiste, enano? —preguntó Albizia y al instante se arrepintió de haberlo hecho.

— Voy a ir contigo —canturreó—. Me lo ha dicho mamá.

—¡Joder, mamá! ¡Tiene que ser una broma!

— Modera tu lenguaje, muchachita —dijo amenazándola con la espátula que utilizaba para girar los solecillos—. Serás una buena hermana mayor y ayudarás a tu hermano a sacarse la licencia de héroe, es un De la Luz, es mejor que aprenda cuanto antes las obligaciones que acarrea su apellido.

— Pero, pero, —dijo Albizia golpeando el suelo con los pies irreflexivamente, a cada golpe, el cielo retumbaba y un tifón se iba gestando—, yo voy con mis amigos, solos matamos demonios mucho mejor. ¿Cómo voy a salvar al mundo si tengo que vigilar al idiota de mi hermano?

— Idiota lo serás tú —replicó su hermanito sacándole la lengua—, tú lo que quieres es que no vaya contigo para así poder liarte con ese De La Luna. Pues lo siento por ti pero ese tío tiene más plumas que un pavo real.

— ¡Jo, Mama, mirá lo que dice! No puede hablar así de Linus, él es tan mono.

— No, si mono es, lo mismo cree el chico de De La Mañana. —corroboró su madre para su desesperación.

— ¡Mamá!

— A mí no me digas, es lo que dicen por ahí. Anda, deja de enfadarte y acábate la ambrosía. Necesitas relajarte, desde que te hicieron diosa del clima la temperatura del planeta no ha hecho más que aumentar.

— No es culpa mía, tengo muchísimas responsabilidades: matar demonios, traer la lluvia, hacerme la manicura…

— ¡Ay! Dejad que os vea —su madre, muy emocionada, colocó a su hermano pequeño a su lado y les dio sendos pellizcos en la mejillas, Albizia suspiró abatida pensando que su hermano ya era casi tan alto como ella— ¡Cuánto habéis crecido! Mis dos niños… ¡Qué orgullosa estoy de mis héroes De la Luz!

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