Soñar es gratis

por Carolina Pastor

Andrea miró por la ventana sin demasiado interés. Fue entonces cuando lo vio. Cabalgando sobre un blanco corcel se acercaba, paralelo al tren, el amor de su vida. Su dorada melena era mecida por la brisa estival; sus carnosos labios parecían murmurar promesas de amor infinito.

—Te dije que jamás te abandonaría, Andrea, mi amor —gritó con la voz entrecortada por el galope del caballo.

—Y yo siempre supe que vendrías, Brad —susurró con el rostro pegado al frío cristal.

Y fue entonces cuando un ronquido descomunal de su compañero de asiento la despertó de su ensoñación.

—Adiós a Brad…

Un comentario

  1. José M. Fdez
    Enviado el 04/06/2010 a las 14:45 | Permalink

    Admitámoslo, quién no ha morreado alguna vez un cristal. Un micro muy simpático ;)

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