Todos lo sabían

por Samhain

Ya de pequeño, Julián había mostrado un carácter reservado, típico de un psicópata latente. Con la adolescencia, y con el crecimiento de la primera barba, los vecinos de Hastel pudieron apreciar como el aspecto del joven empezaba a mostrarse desaliñado. Nadie se extrañó, pues todos sabían que él sería así. Todos se dieron cuenta de que aquel crío, algún día se convertiría en un asesino. Si alguien hubiera impedido que la bestia llegase a convertirse en tal, ellos le habrían aplaudido, a pesar de que les estropease la función que estaba por venir.

Y es que estaba tan claro, que ni siquiera cambiaron de opinión cuando rescató a la niña de los Jefferson de aquellas aguas turbulentas que amenazaban con llevársela río abajo. Tampoco cambiaron de opinión cuando se licenció en aquella facultad de Humanidades, ni cuando se ofreció de voluntario en el comedor social de la zona Oeste.

Pero todos conocían su verdadera naturaleza. Su aspecto, su forma de hablar, de gesticular, todo reforzaba la opinión que tenían sobre él.

Procuraron mantener las distancias, impidieron a sus hijos pasar por delante de la mansión del futuro homicida. Algunos vagabundos, aquellos que se habían criado en su calle, se negaban a comer lo que él les diera.

Cuando apareció el cadáver de aquella mujer, todos supieron quien había sido el culpable. Daba igual que negara haberla conocido, que el forense dijese que parecía un suicidio, incluso daba igual que tuviese una coartada fiable. Ellos estaban en posesión de la verdad.

Todos sabían que él era un asesino, y cualquier ocasión era buena para señalarle con el dedo.

Sin embargo, ninguno de los vecinos de Hastel esperaba verse encerrado aquella noche en su vivienda mientras las llamas se propagaban por todo el vecindario. Aquella noche, mientras el humo llenaba sus pulmones y el fuego arrasaba con sus cuerpos, en sus mentes solo resonaban tres palabras: Todos lo sabían.

A la mañana siguiente, la policía pudo encontrar el cuerpo incinerado de Julián en la pequeña colina que se elevaba frente a un Hastel, ahora reducido a cenizas. Junto a su cuerpo se conservaba parte del poema de Nerón, y en el suelo, escrito en letras de sangre, un mensaje:

 

TODOS LO SABÍAIS ¿VERDAD?

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